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Los ingredientes de una buena actitud PARTE 1

Por Jazmine Furlán, Junta Directiva Guatemala Próspera

¿Quieres llegar muy lejos? Hay algo que debes practicar todos los días: ¡una buena actitud! Te aseguro que te llevará a lugares inimaginables.


La actitud es más que publicar frases bonitas, más que leer o recitar textos inspiradores, la actitud va más allá de sonreír en medio de la adversidad. Más allá de palabras por whatsapp y redes sociales. Es más que el copy, paste, forward de emojis optimistas. La actitud se trata de acciones que verdaderamente te distingan.


No podemos tener una buena actitud en el trabajo y no en la casa. No podemos tener una buena actitud con un grupo de personas y con otras no. No podemos tratar a unas personas con amabilidad y después darnos la vuela y ser groseros en el tráfico, cuando esperamos haciendo una fila o cuando las cosas no nos salen como quisiéramos. No, no funciona así. La actitud se vive, día tras día y minuto a minuto, donde estés y con quien estés. La actitud es como una insignia de tu carácter, es una medalla alrededor de tu corazón.


Bueno ¿y si no se trata solo de compartir textos inspiracionales? Entonces, ¿de qué se trata? No creas que es algo complicado o enredado. La actitud es como una receta muy sencilla, de pocos ingredientes. Si habláramos de la receta para hacer galletas de chispas de chocolate necesitaríamos: harina, huevos, azúcar, mantequilla y por supuesto chispas de chocolate. Todo muy fácil y a nuestro alcance. Lo mismo pasa con la actitud, los ingredientes están a nuestro alcance.


Tomemos varios ingredientes de la actitud para conocer la receta que aportará muchísimo al proceso de alcanzar nuestros grandes sueños y disfrutar de una vida significativa que avanza hacia nuestro verdadero propósito. Como toda receta, esta también necesita amor. Prometo en los próximos minutos también abrirte mi corazón.


Empecemos…


Debemos construir un piso sólido y con buenos cimientos para ponernos de pie firmes ante los reveces de la vida, para eso necesitamos vulnerabilidad. Este es un ingrediente clave, pues tener buena actitud no se trata de esconder nuestras heridas o querer mostrar que somos perfectos, que tenemos la familia perfecta, el trabajo perfecto, la vida perfecta. No, no, no, una buena actitud es reconocer: “Si, tengo algunas fallas, tengo algunas heridas, PEROOOO elijo aprender de ellas. Esas heridas al final me han hecho bien porque me han ayudado a fortalecer mi carácter. Cada fracaso me ha transformado, me ha hecho una mejor persona”.


Ser vulnerable es SER VALIENTE, es tener CORAJE. No hay NADA de debilidad en ser honestos con nosotros mismos, con las personas que nos quieren y nos aprecian. Tener una buena actitud NO es ocultar, es ser transparentes y sinceros. Solo así podremos avanzar al siguiente nivel, sin mentiras, enfrentando nuestra verdad, nuestra realidad, para superarla con seguridad, con fe, porque una persona segura de sí misma tendrá una buena actitud.


Hace unos meses cuando tuve que enfrentar un golpe muy duro, decidí no ocultar mis emociones, decidí ser sincera con las personas más cercanas al decir: “Sí, todavía me duele, todavía me pongo triste, hay días muy difíciles aún”. Y aunque por increíble que parezca, esa transparencia me permitió avanzar rápidamente hacia la sanidad interior.


Ok, ahora, ¿cómo avanzamos? ¿Cuál es el siguiente ingrediente? Pues el siguiente ingrediente es el proceso. ¡Sí! el proceso. Si quiero tener una buena actitud debo saber que nada sucede de la noche a la mañana, debo saber que todo implica un proceso. Sí, yo sé que somos impacientes, que deseamos ver resultados al chasquear los dedos, como magia, pero no, no es así. La paciencia y la espera juegan un lindo papel ayudándonos en esa transformación tan necesaria para convertirnos en personas más maduras, serenas y resilientes. La espera tiene el potencial de convertirte en tu mejor versión, en tu 2.0, en un modelo más afinado de ti mismo. Descubramos la belleza y poder escondidos en la acción de sembrar buenas semillas todos los días, en regarlas con esperanza y mantenernos expectantes, emocionados por el fruto que está creciendo, porque sabemos que los procesos se cumplirán, y muy pronto se manifestará todo aquello que hemos cultivado. Esperar confiadamente y con expectativa… ¡eso es tener una buena actitud!


Creo que todos hemos visto la película de Karate Kid, la original, en donde el Señor Miyagi le enseña a Daniel San karate para defensa personal. Sus entrenamientos son algo extraños porque en una de las sesiones lo manda a pintar la cerca de madera de su casa y a pulir su auto. Daniel San no entiendo por qué lo manda a hacer esas tareas tediosas, aburridas y sin sentido para él que desea aprender karate. A mí me pasó algo similar. Pero llegué a entender que la vida nos está entrenando, nos está enseñando con los procesos que muchas veces parecen innecesarios, dolorosos e ilógicos. Cuando no entiendo ciertas situaciones, me digo a mí misma: “¡Vamos, Daniel San, pinta la cerca! ¡Vamos, Daniel San, pule ese auto! Wax on, wax off.”


Pasemos al tercer ingrediente, nuestro entorno. Uffffff, ¡cuánto tiene que ver nuestro entorno con nuestro destino! Por favor no lo tomes tan a la ligera. Por favor no cometas el error de pensar que tú eres fuerte en tus convicciones y que las personas no tienen nada que ver con tu destino. No es inmediato, no es en un abrir y cerrar de ojos, no es tan notable a simple vista, pero tu entorno es determinante.


Es como un avión que sale hacia un destino ya previsto, por ejemplo, de Guatemala a Nueva York, pero si se desvía tan solo un grado, terminará en otra ciudad o en medio del océano Atlántico. Si no nos ubicamos en un entorno adecuado, terminaremos perdidos, lejos de nuestro destino, ahogados en un océano. Lo viví en carne propia. Poquito a poquito las conversaciones, las actitudes, las ideas, los pensamientos “inofensivos” son tan pegajosos que, con el tiempo, terminamos siendo quien no queríamos ser. Es tan influyente que incluso podríamos tomar caminos que nunca hubiéramos escogido de otra forma, podríamos comprometer nuestros valores y nuestro futuro.


Veamos dos cosas muy importantes del entorno 1. Que la mayor parte de tu tiempo, amistades, compañeros de trabajo, lugares, actividades, hobbies estén en sintonía con tus metas, sueños y destino. Me refiero a que debemos ser muy intencionales en elegir a las personas con las que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y los lugares que visitamos. 2. Recuerda que tú también tienes el desafío de ser LUZ para quienes te rodean. TODOS nos influenciamos lo creas o no, positiva o negativamente, así que tenemos una gran responsabilidad cada día. Guárdate de conversaciones vacías, cuida lo que ves, cuida lo que escuchas, cuida lo que entra a tu corazón pues de todo ese alimento saldrá energía en abundancia, buena o mala, que compartirás con otros. ¿Te estás convirtiendo en la influencia que deseas ser? Elige muy bien lo que entra por tus ojos y por tus oídos, porque saldrá por tu boca y se reflejará en tu actitud. Elige permanecer en el camino angosto que conduce a la vida, ahí no hay espacio para los desvíos, ahí no hay espacio para quienes no tienen claridad en las convicciones de su corazón.


Ya tenemos los primeros tres ingredientes de la actitud: vulnerabilidad, proceso y entorno. No olvides que la receta aún no esta completa, te invito a que leas el próximo blog para que juntos sigamos creciendo, sigamos mejorando y lleguemos a alcanzar todo aquello que nuestro corazón anhela.

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